Ocaso.

Ocaso.

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Cudillero

Reflejado en la ventana. Lo observo. Me fijo e intento recordar cada punto de su contorno y estructura. Últimamente no hago más que intentar elaborar imágenes mentales de todo lo que me rodea. Bien nítidas, bien claras. Así al estar lejos, cuando sienta la inevitable morriña, la incesante nostalgia, bastará con cerrar los ojos y recordar. Será mi ritual diario. Cada anochecer intentaré recorrer mi pueblo. Desde la lejanía. Perderme por sus estrechas callejuelas, subir y bajar las escaleras infinitas e irregulares, recorrer las características cuestas. Me sentaré en la ribera para que el sonido de mis olas y el olor a salitre me lleven de vuelta. Me bañaré en mi Cantábrico. Mi gran gran azul. Ese mar que me pertenece, en cierto modo, muchas de mis lágrimas han ido a parar a él. Pasearé por la calle principal, saludando a todo aquel del que me acuerde de manera continua, estableciendo lazos y conexiones entre cada persona y la siguiente. 

Cada día será diferente. Cada día habrá una persona a quien saludar. Cada día habrá un tiempo diferente. Unos días pasearé bajo un paraguas, otros… pensaré en un día de verano.

Y así iré haciendo cada noche. Intentando no olvidar el pueblo que me ha visto crecer y que ahora me dirá un adiós temporal. 

 

ZCIT

Me llama la atención el viento. Pensar en viento es recurrir a diccionarios para conocer una definición exacta. Aún leyendo, sigo sin tener una idea clara de lo que es en realidad. Puedo crear una vaga definición en mi cabeza, puedo asociar el fenómeno con mi propia realidad y puedo usar metáforas para completar mi significado.

Existen personas como el viento… se asemejan, se parecen, imitan su carácter volátil, cambiante… personas que vienen, que van, que cambian y que desaparecen.

Las “personas viento” no son dignas de ganarse tu confianza (hasta conocerlas bien, no todas son iguales). Se aprovechan de ti, te manipulan según su rumbo, según su dirección y al final llevados por la corriente nos acercamos a donde todas las brisas convergen. A un lugar en calma, tan en calma que es imposible avanzar. Llegas a un punto muerto, donde te ves incapaz de seguir tu rumbo, lejos de tu destino, de tu objetivo…  Un lugar en el que te encuentras en una situación tan placentera, que es imposible evitar la tentación de continuar en él hasta que dicha persona diga lo contrario.

Estas personas son de un peculiar carácter. Pasionales, que se dejan llevar por los sentimientos y emociones que sienten. Que avanzan según cuadre o según su corazón dicte. Que salvo contadas excepciones, no tienen en cuenta lo que vendrá después.

Se podría decir que tienen un don. Un don magnífico. Son capaces de hacer que la gente les siga allá donde vayan. Son sirenas que con su canto nublan la vista e impiden ver el camino correcto a seguir. No es que sean malas, simplemente por genética han desarrollado una capacidad innata, oculta en unos, demasiado visible (quizás) en otros. Estas personas no son bien vistas por el resto de personas. Se les considera falsas, traicioneras, avispadas y pícaras. Lejos de esto son personas magníficas cuyo único problema es la indecisión. Su admirable aunque desconfiada capacidad las ayuda a no ir solas a ningún lugar, consiguiendo lo que quieren,cuando quieren.

Una vez conoces a una “persona viento”, llegas a amarla. Quizás sea por su espontaneidad, quizás por su intelecto o quizás por su manera de engatusar. Pero lo que está claro es que no es fácil encontrarnos. Quizás por suerte o por desgracia puedas tener la oportunidad de ser presa de un vendaval de este tipo.

 

Querer es poder.

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Metafóricamente hablando podría compararle con la suave lluvia fría de cada mañana, con el primer sorbo de un refresco bien frío, con el primer chapuzón de una calurosa tarde estival. Podría hablar de su paso comparándolo con un pequeño cometa inesperado en una noche estrellada, con la primera ola de la triada que la sigue. Es la pequeña gota que ha rebosado el vaso. Es el último capricho de una niña a punto de crecer.

Las personas somos débiles, caemos en miles de trampas, tropezamos con centenares de piedras, y aunque sepamos que sufriremos, parece que nos gusta equivocarnos. Siempre tenemos la esperanza de que esta vez sea diferente, que sea única, especial… esperamos no errar. Y aún siendo conscientes de las consecuencias, actuamos sin pensar, siguiendo instintos, rindiéndonos a unos ojos color miel.

Dejamos de lado lo que tenemos, aquello que ya hemos probado … solo para dar paso a algo nuevo, diferente a un primer vistazo. Quizás descubramos que es igual a lo anterior, o nos sorprendamos a nosotros mismos descubriendo que en algunos aspectos supera nuestras expectativas.

Comenzamos probando sin ganas, solo por el hecho de probar… y acabamos disfrutando de ello más que la persona que te instó a ello. Pensamos en lo que hemos renunciado, en lo que podemos perder y ciegos por la lujuria ignoramos lo posible, lo probable, lo evidente.

Me gusta dormirme recordando lo ocurrido, pero lo que más me gusta es imaginar lo que queda por pasar. Atracción física pura se suele llamar. No es amor pasional, no es una simple amistad, ésta… va más allá de cualquier anterior expectativa.

A mi no me falta libertad, ni deseos, ni vergüenza. Podría considerarme valiente, o quizás todo lo contrario… demasiado cobarde. Quizás me esté jugando demasiado, arriesgando demasiado, disfrutando de algo efímero y pasajero, deseando a una pequeña estrella fugaz que como su nombre indica se irá de un momento a otro. Posiblemente mi pequeña estrella a su paso me olvide… Probablemente como lluvia fría matinal que es solo me refresque cierto tiempo. Y evidentemente, la niña, una vez rompa la primera ola contra la orilla, crecerá.