ZCIT

Me llama la atención el viento. Pensar en viento es recurrir a diccionarios para conocer una definición exacta. Aún leyendo, sigo sin tener una idea clara de lo que es en realidad. Puedo crear una vaga definición en mi cabeza, puedo asociar el fenómeno con mi propia realidad y puedo usar metáforas para completar mi significado.

Existen personas como el viento… se asemejan, se parecen, imitan su carácter volátil, cambiante… personas que vienen, que van, que cambian y que desaparecen.

Las “personas viento” no son dignas de ganarse tu confianza (hasta conocerlas bien, no todas son iguales). Se aprovechan de ti, te manipulan según su rumbo, según su dirección y al final llevados por la corriente nos acercamos a donde todas las brisas convergen. A un lugar en calma, tan en calma que es imposible avanzar. Llegas a un punto muerto, donde te ves incapaz de seguir tu rumbo, lejos de tu destino, de tu objetivo…  Un lugar en el que te encuentras en una situación tan placentera, que es imposible evitar la tentación de continuar en él hasta que dicha persona diga lo contrario.

Estas personas son de un peculiar carácter. Pasionales, que se dejan llevar por los sentimientos y emociones que sienten. Que avanzan según cuadre o según su corazón dicte. Que salvo contadas excepciones, no tienen en cuenta lo que vendrá después.

Se podría decir que tienen un don. Un don magnífico. Son capaces de hacer que la gente les siga allá donde vayan. Son sirenas que con su canto nublan la vista e impiden ver el camino correcto a seguir. No es que sean malas, simplemente por genética han desarrollado una capacidad innata, oculta en unos, demasiado visible (quizás) en otros. Estas personas no son bien vistas por el resto de personas. Se les considera falsas, traicioneras, avispadas y pícaras. Lejos de esto son personas magníficas cuyo único problema es la indecisión. Su admirable aunque desconfiada capacidad las ayuda a no ir solas a ningún lugar, consiguiendo lo que quieren,cuando quieren.

Una vez conoces a una “persona viento”, llegas a amarla. Quizás sea por su espontaneidad, quizás por su intelecto o quizás por su manera de engatusar. Pero lo que está claro es que no es fácil encontrarnos. Quizás por suerte o por desgracia puedas tener la oportunidad de ser presa de un vendaval de este tipo.